Words, don’t come easy

Ese día al abrir los ojos decidió que debía dejar de escribir.

Ese día al abrir los ojos decidió que debía dejar de escribir.

“Sesenta… cincuenta y nueve… cincuenta y ocho…” vio con sorpresa como en la pequeña pantalla digital del microondas donde había puesto a calentar el café de cada mañana había cambiado los números por palabras. Tal vez seguía durmiendo y no lo sabía…

Cuando se puso en marcha el autobús de camino al trabajo descubrió como el cielo empezó a llenarse de cientos, tal vez miles, de palabras en diferentes caligrafías (Sol… frescura… nube… ilusión…) que flotaban en el aire como si alguien las estuviera haciendo volar con ayuda de una bombona de helio.

Bajó del autobús en la siguiente parada viendo con estupor como el mundo a su alrededor se convertía en palabras. Salió corriendo sin pensar en la dirección, tratando de huir de aquella telaraña de letras que intentaba acorralarle.

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Llegó hasta la playa y corrió por la arena. Al poco tiempo, vio como sus pies habían sido absorbidos por palabras diminutas que se amontonaban una tras otra (calidez… suavidad… ocre… tibio…).  Empezó a llover, y vio como sobre sus manos empezaban a amontonarse las palabras (lluvia…agua…frío… triste… llanto…). Se hizo de noche y un manto de oscuridad lo cubrió todo. Y aunque no podía verlo, sentía que todo el espacio a su alrededor estaba cubierto por palabras.

Era un laberinto sin salida. Las palabras le arrancaban la piel y le perforaban los huesos. Se encogieron hasta convertirse en moléculas y consiguieron colarse en su estructura genética. Se había convertido en una historia que respiraba y caminaba con un sentido de existir.

Y sólo había una  forma de hacerlas salir de ahí.

 

Photo by Nathaniel Shuman on Unsplash

 

Hoja en blanco

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Caminante, son tus huellas el camino y nada más. Si ya lo decía Antonio Machado: bonita, deja de quejarte con que la vida no te inspira y ponte a escribir de una maldita vez.

Y tenía razón. Al final todo es ponerse y escribir el primer kilo de gilipolleces que se te ocurra. Después ya vienen las ganas locas de contar tus dramas  y de montar la escaleta de las películas que te montas en la cabeza. Y yo tengo mucha, pero que mucha, imaginación.

Soy una lectora voraz desde pequeña y me encanta escribir.  A lo mejor ha llegado el momento de dar el salto de fe. A lo mejor ha llegado el momento de empezar esa hoja en blanco.

Bienvenidos a mi web. Coged sitio, el café lo pongo yo 🙂

 

 Image by Free-Photos on Pixabay